Ebooks vs Cigarros: ¿qué es más caro?

books vs cigarretes coverMuchas de las personas que no leen tienen un buen abanico de excusas para no hacerlo, cuando en realidad lo más sencillo para ellos sería aceptar que implemente no les gusta y como eso no es un crimen, entonces tampoco pasaría realmente nada. Entre todas esas excusas dos son las que imperan: la falta de tiempo y el costo de los libros. La segunda llama especialmente mi atención porque, si bien es cierto que algunos (varios) libros son muy costosos, a la mano siempre tenemos varias buenas opciones para hacernos de muchos libros sin invertir tanto y en muchos casos de hecho no invertimos nada: los préstamos bibliotecarios y los préstamos que nos hacen los amigos son los primeros que me vienen a la mente, pero también están las librerías de viejo con cientos de miles de libros a precios irrisorios, y no olvidemos que viviendo en pleno siglo XXI tenemos todo un universo de libros electrónicos de dominio público al alcance de un click.

En fin, que si la gente no lee es porque no quiere o no le gusta y eso yo no lo voy a criticar, aunque aceptemos que el costo es un pretexto que quizá funcionaba hace dos siglos o más, pero en la actualidad ya no. Hay un ejercicio que siempre hago cuando la gente me dice que los libros son caros y que por ese motivo no leen: ¿cuánto gastas mensualmente en cigarros, en irte al antro o en refrescos (bebidas gaseosas, como les llamamos en México)? Si eres lo suficientemente meticuloso y te pones a hacer cuentas te sorprendería darte cuenta de las cantidades que tiras a la basura (bebedores y fumadores no se me ofendan) en este tipo de consumo. Ese mismo ejercicio hizo Kaya Genç en la revista Salon hace algunos días con el artículo Ebooks vs Cigarettes, y tomando precisamente como ejemplo el ensayo Books vs Cigarretes que George Orwell publicó en 1976 y en el que comparaba el costo de los libros frente a otras formas de recreación y, efectivamente, tanto el ensayo de Orwell como el ejercicio que Genç hizo en su artículo nos dan la razón: el costo de los libros es ínfimo frente al costo de fumar.

En México, por ejemplo, una cajetilla de cigarros cuesta entre los $28.00 y los $50.00 aproximadamente. Tomemos el caso de las cajetillas más económicas que cuestan $28.00, si eres un fumador “medido” que se termina esa cajetilla en una semana, estarías fumándote al mes MX$112.00, El Tango de la Guardia Vieja, una de mis más recientes lecturas me costó $119 en formato electrónico, sólo $7 pesos arriba de lo que me hubiera fumado en un mes en modo barato y moderado.

Muy bien, muchos dirán “es que no todos tenemos los recursos para comprarnos una tableta o un dispositivo de lectura dedicado”; cierto, sí, la vida en México se ha vuelto cada día más cara, pero eso no va en detrimento del consumo de cigarros; así que sigamos con este ejercicio, en un año si eres un fumador moderado con una cajetilla por semana, te estarás gastando MX$1,344.00 al año, está bien, eso no nos da lo suficiente para una tablet pero lo cierto es que la gran mayoría no fuma cuatro cajetillas al mes; en fin, que aunque eso no nos dio para adquirir la tablet, al menos sí para adquirir 6 títulos en formato electrónico, suponiendo que todos tuvieran un costo aproximado de MX$150.00. Impresionante, ¿no?

Y si pensamos en una de las cajetillas más caras, $42.00, nos da $168.00 al mes si me fumo sólo una cajetilla por semana y esto se traduce en $2,016.00 al año, eso sí ya nos da para adquirir un smartphone “decente” cuyo precio oscila entre los $1,500 o $2,000; está bien, no va a ser EL teléfono inteligente que nos guste presumir en las reuniones, pero nos va a servir lo suficiente para bajarnos algunas aplicaciones de lectura (por aquello de que los teléfonos móviles son una opción viable para la lectura en pantalla) y hasta nos va a sobrar para comprar al menos un título y bajar los demás de dominio público.

En fin, que el propósito de este post no es eliminar hábitos y tampoco crear nuevos, reconozco que nada me gustaría más que convencerlos de leer, pero este no es el objeto del post, sino que nos demos cuenta que el costo de los libros electrónicos o de los impresos no es y tampoco ha sido nunca un buen pretexto para no leer.

Imagen vía: Amazon

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