La autoedición y sus contradicciones

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Al hablar del libro electrónico lo podemos hacer desde varios frentes y uno de ellos es el que toca a los escritores. Se dice que una de las principales ventajas del e-book para los escritores es que por primera vez están en posibilidad de saltarse el engorroso proceso de que una editorial se interese por su obra, convirtiéndose así en sus propios editores, esto les asegura a su vez la publicación de su trabajo y la nada despreciable y sí muy tentadora idea de una mayor ganancia al momento de vender su obra (se dice que pueden recibir incluso hasta el 70% de las ganancias).

Desde luego que la autopublicación se ha convertido (especialmente en 2011 y 2012) en una verdadera alternativa para que los escritores nóveles den a conocer su obra, las ventajas que se mencionan en el párrafo anterior hasta cierto punto llegan a ser reales siempre y cuando el escritor: 1) dedique una buena parte de su trabajo no precisamente a escribir, sino a promocionarse 2) dedique buena parte de su tiempo a ser su propio corrector de estilo y, 3) su libro sea lo suficientemente atractivo para enganchar a un lector que, frente a los cientos de opciones de lectura y de otras formas de entretenimiento, tiene poco tiempo para dejarse “enamorar” por el escritor.

Aunque cada vez hay más autores que, cansados de ser rechazados una y otra vez por las editoriales, se han lanzado a la aventura de publicarse ellos mismos (que para hacerlo no faltan plataformas de autoedición), sería muy ingenuo pensar que absolutamente todos ellos están teniendo el éxito prometido; desde luego que en el camino hay varios nombres que abanderan a la autoedición con éxitos millonarios y que ponen los pelos de punta a los editores, pero ser tu propio editor aunque te ahorre el mal sabor de boca frente a estos, no es una garantía de éxito.

Es claro pues que la autoedición tiene varios claroscuros por demás interesantes y que se prestan para el análisis. Últimamente, se está presentando además un fenómeno que viene a aumentar los claroscuros y los sinsabores de la autoedición: en un universo del libro donde no todos los editores son malos (o al menos no están tan cerrados) y el trabajo “extra” de la autoedición llega a ser agotador para los escritores independientes con éxito comprobado, la opción de publicarlos en papel se convierte en una nueva oportunidad para que el editor tradicional rectifique el camino. Tal es el caso de Amanda Hocking, uno de los nombres clave cuando hablamos de autoedición, parte del Kindle Best Seller y miembro del selecto “Kindle Million Club” con ventas millonarias y que ahora se permite volver al camino tradicional y conocido de muchos escritores.

Desde luego Hocking, otrora rechazada por las editoriales tradicionales durante casi una década –razón que la empujó a ser su propia editora–, logra convertirse en una especie de “objeto del deseo” de las editoriales sólo hasta después de alcanzar fama en la Kindle Store de Amazon, lo que a su vez la convierte ahora en un claro ejemplo de este camino de ida y vuelta entre el libro electrónico y el impreso, entre la edición tradicional y la autoedición.

Pues bien, en este cada vez más común ir y venir de la edición, es posible encontrar libros tanto electrónicos como impresos de Amanda Hocking en la tienda de Amazon; mismos que también ya se distribuyen en todas las librerías de México en formato impreso y, sorpresivamente, también en formato electrónico bajo el sello de Ediciones Destino.

Vamos, que las formas cambian, no los contenidos y mientras todos ganen, todos contentos. Algunas editoriales se empeñarán en conservar el modelo tradicional, mientras otras también tradicionales (las más avispadas, diría yo) estarán adoptando el modelo seguido a Hocking, es decir, ahorrarse el trabajo de revisión de miles de borradores y publicar a autores independientes con éxito ya comprobado en la venta de libros electrónicos que les garantice el éxito de las ventas en papel.

2 Respuestas a “La autoedición y sus contradicciones”
  1. Braulio Solano Rojas marzo 25, 2012
  2. Veronica Juárez marzo 25, 2012

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