Sobre la lectura en pantalla y los lectores idiotizados

lectores idiotizados

Imagen vía: Cobertura Digital

Del 5 al 9 de junio pasado se llevó a cabo el encuentro Readmagine, un evento organizado por la Fundación Germán Sánchez Ruipérez en el que se dieron cita varios expertos sobre el mundo de libro “...para el intercambio de ideas en torno al proceso de transformación digital que vive el universo de la lectura” y que afecta de muy distintas formas a la edición, las librerías, la lectura misma, las bibliotecas, los lectores, etc. 

En este marco, WMagazín entrevistó a Nina Klein, consultora independiente para la comunicación estratégica y el desarrollo empresarial en el campo de la cultura y la creación, y a Porter Anderson, consultor especializado en la publicación de libros y editor en jefe de Publishing Perspectives, para conocer un poco sobre sus opiniones en torno a la forma cómo se está desarrollando el libro, pero también sobre el futuro del mundo del libro y la lectura. 

En realidad, hay varios aspectos interesantes de esta entrevista que sirven para una larga reflexión; me quedo, sin embargo, con dos ideas planteadas a raíz de la pregunta sobre si los libros en papel y en digital se complementan y si necesitan crecer uno a lado del otro:

Nina Klein. El problema es que comparamos la lectura, que es una aprendizaje cultural que implica una serie de conocimientos con el cual se aprende mucho y debe ser constante, con cosas visuales e imágenes y sobreexposición digital. Son dos mundos diferentes, el de la lectura y el de las imágenes. Estamos en un momento de crecimimento de programas como los smartphone o siri con una forma de escribir que no es la tradicional y a la gente se le empieza a olvidar. Queremos, como ha dicho Porter, que la gente lea. La lectura es la forma más corta y mejor de conseguir información y aprender. Pero con lo digital estamos creando un tipo de lector un poco idiotizado que lo único que hace es seguir modelos tecnológicos, es solo un usuario de la tecnología.

Porter Anderson. La verdadera competencia no está en digital versus papel, sino en toda esa experiencia de música, cine, vídeos, videojuegos que de repente están en los mismos dispositivos donde están los libros. Hay que luchar contra esas imágenes y sonidos y otras formas de ocio más ligeras que están en el mismo espacio de los libros, sin ser excluyentes hay que reforzar los espacios de lectura.

Estas respuestas me sorprenden y no en un sentido grato, especialmente porque son enarboladas por dos profesionales del libro de quienes me esperaría una visión menos prejuiciosa y tradicional sobre el libro y la lectura. Sirva pues este post más que para defender a ultranza al libro electrónico y la lectura en pantalla, para reflexionar sobre lo que entendemos por libro y por lectura, sin adjetivos, sin aquello de impreso o digital:

Anderson asegura que hay que luchar contra imágenes, sonidos y “otras formas de ocio más ligeras”. Una respuesta llena de prejucios: el ocio ligero es malo por lo tanto hay que luchar contra él, la lectura es buena (¿ocio pesado?) y tiene muchos enemigos contra los que hay que luchar. Pero más importante aún, quizá debamos presentarle algunos buenos ejemplos de libro álbum y especialmente de libros silentes (en ambos casos, en formato impreso) en donde la imagen es imprescindible para contar una historia, porque sí, la imagen también es lectura y la imagen también cuenta una historia, o muchas. Vamos, que la lectura va mucho más allá de libro, el libro va mucho más allá del texto literario y el lector va mucho más allá del libro literario impreso. 

 ¿Y qué hay de la relación entre las tecnologías y los lectores idiotizados? La televisión en su momento fue llamada la caja tonta, para muchas personas los videojuegos son los responsables de la violencia aún cuando existen estudios que aseguran que esto no es así. 

Las reticencias frente a las “nuevas tecnologías” siempre han existido y siempre existirán: Sócrates estaba en contra de la escritura pues la veía como una forma de entorpecer el pensamiento que se desarrollaba durante un diálogo; y no era el único, Platón escribió en el Fedro que  el dios Tamus aseguraba que la escritura causaría olvido e ignorancia, además decía que los libros, al fijar el conocimiento, no lo permitían evolucionar. 

La llegada de la imprenta también significó una gran amenaza:

La caligrafía en pergamino puede durar mil años pero, ¿cuánto puede durar una impresión en papel?, 200 años quizá, y difícilmente ésta podrá ser bella.

Esto lo dijo Jean de Tritenheim, arzobispo de Spanheim, en su libro Laude scriptorum, publicado en Mainz en 1494, a sus monjes para que estos continuaran realizando bellos manuscritos (The design of books, 1993).

Así que venir a decir que lo digital crea a lectores idiotizados sin presentar ningún estudio que lo demuestre, es acudir a argumentos gastados y viejos temores que en nada contribuyen para acercar la lectura (sin importar el formato o género) a los lectores, que es lo que realmente debería ocuparnos.

Por otro lado, adjudicarle a la lectura y el libro un valor exclusivamente educativo, es tener una visión muy corta sobre estos, es también alejarse de los lectores y no entender que, como ya lo he dicho en muchas ocasiones, no podemos seguir hablando de la lectura y el lector en singular, sino de diversidad de lecturas y de lectores. 

En lo personal, no sólo no estoy de acuerdo con que se hable de lectores idiotizados, tampoco sé qué tan acertado sea el uso de la palabra complemento; para el mundo del libro encuentro más apropiado hablar de convivencia y conveniencia. Convivencia porque hay varios formatos y formas de lectura en donde ninguno es mejor que el otro, ninguno implica lectura real contra lectura que no lo es, ninguno te hace mejor lector o lector idiotizado. De hecho, llevamos varios años hablando de la desaparición del libro impreso y lo único que seguimos viendo después de todo este tiempo es que los formatos conviven y los lectores leen sin importar mucho lo que digan los expertos.  Conveniencia, por otro lado, porque cada lector lee en el formato que más le acomoda, de hecho, cada día hay más lectores híbridos que saltan de un formato a otro conforme a sus necesidades e intereses. 

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