Recientemente leí Los bibliotecarios afirman que el mercado del libro electrónico en bibliotecas necesita otro momento decisivo. ¿La legislación puede ayudar a lograrlo?, un artículo publicado en Words & Money en el que Andrew Richard Albanese hace un repaso por demás interesante sobre la llegada del libro electrónico a las bibliotecas y los retos que las y los bibliotecarios hemos tenido que enfrentar para que estos materiales sean accesibles en las bibliotecas.
Desde luego, lograr que las y los usuarios tengan acceso a libros digitales en las bibliotecas no ha sido miel sobre hojuelas. Si bien, en un inicio el principal reto fue la falta de oferta de títulos en formato digital, con el tiempo vimos que sólo era cuestión de tiempo para que una abrumante mayoría de títulos contarán con su versión digital.
Sin embargo, el acceso al libro electrónico en bibliotecas pronto tomó otros vericuetos que han resultado más complejos que la simple falta de oferta.
Los grandes reveses de las editoriales
Como se menciona en el artículo, uno de los momentos más álgidos ha sido la relación entre las editoriales y las bibliotecas. Si bien no todas, los grandes conglomerados editoriales han puesto en aprietos. Por ejemplo, en marzo de 2011 Harper Collins (perteneciente a las “Big Five”), revolucionó el mundo editorial, que no el mundo de las bibliotecas. Fue la primera que estableció el modelo de licencia de 26 préstamos por título.
Este modelo de licencias por número de préstamo resultó tan redituable para las editoriales que el modelo de licencia a perpetuidad es actualmente casi inexistente. Lo anterior, pone en jaque a las bibliotecas que ven mermado su presupuesto para acervo digital .
Desafortunadamente, la cosa no ha parado ahí, en 2019 Macmillan (otra de las Big Five) dio otro revés al acceso al libro electrónico en bibliotecas al establecer los periodos de dos meses de embargo. ¿Qué significa esto? Las bibliotecas no pueden adquirir un libro hasta dos meses después de su publicación. Desde luego, esto también ha representado un gran problema al limitar el acceso a un título con gran demanda, también el costo final para la biblioteca siempre es más elevado que para el lector.
No olvidemos tampoco que las editoriales no tienen toda la culpa de esta situación. Por un lado, las condiciones impuestas corren a cargo de las “Big Five”; pero también, el hecho de que la gran mayoría del acceso se realice a través de plataformas de préstamo digital, hacen que las bibliotecas no puedan negociar directamente con editoriales pequeñas o independientes con las que puede existir una mayor apertura.
¿Qué implica que las grandes editoriales impongan estas condiciones y las/los bibliotecarios las aceptemos?
Como se señala en el artículo, las bibliotecas tienen que destinar gran parte del presupuesto (una tercera parte), no a adquirir nuevos títulos, sino a renovar licencias de títulos populares. Esto limita la posibilidad de dar acceso a nuevas obras y autores; y aunque no se mencione en el artículo, lo anterior también afecta la bibliodiversidad a la que toda biblioteca debe aspirar, además de que no se visibiliza la obra de muchos autores.
Este artículo me lleva a pensar que aunque las y los bibliotecarios nos dimos cuenta de las implicaciones de aceptar estas condiciones de las editoriales; en aras de que el usuario tuviera acceso, se hizo “lo que se tenía que hacer” (que fue pagar y licenciar como fuera) para permitir el acceso. Sin embargo, ¿se puede revertir esta situación?
¿Qué podemos hacer para que sea más fluido el acceso al libro electrónico en bibliotecas?
Sin duda, se debería de revertir. De hecho, las bibliotecas al permitir el acceso al acervo digital, se vuelven en una especie salvavidas para la industria editorial. Recordemos que distintos reportes señalan que son las bibliotecas las que mantienen a flote el libro electrónico y, de hecho, reportes anuales de plataformas de préstamo digital mantienen un crecimiento constante.
Por ejemplo, el informe más reciente de OverDrive señala que “en 2025 se realizaron más de 820 millones de préstamos digitales en bibliotecas a través de Libby y Sora, las apps de lectura de OverDrive“, lo anterior “representa un incremento del 10.9% en comparación con 2024“.
Por otro lado, Albanese menciona también que distintos estados de Estados Unidos comienzan a trabajar en leyes que buscan que las condiciones para las bibliotecas no sean tan desventajosas como ocurre en la actualidad. ¿Qué pasa en México? Me da la impresión que las y los responsables de bibliotecas trabajan de forma aislada y las asociaciones no hacen mucho por poner el tema del libro electrónico en bibliotecas sobre la mesa y comenzar a negociar por modelos más sustentables para las bibliotecas.




